Llegamos a casa. Doniya me acompaño a la azotea donde dormiría con su hermano, ya que no había más sitio en la casa. Todavía no le había visto, ni sabía nada de él.
Arriba me dijo cual de ellas era mi cama. Daba a una ventana, igual que la otra. La azotea estaba constituida por varias partes. Un baño, una habitación doble, con camas separadas y una especie de despacho.
Estaba muy bien acomodada y todo estaba ordenado. Me extraño el orden, ya que allí habitaba un chico, y suelen ser muy desastrosos.
Doniya y yo estuvimos ordenando toda la ropa que había traído. Era una chica muy simpática, y guapa. Hablamos de un monto de cosas. Me interesaba saber como era su hermano, pero me parecía descortés preguntarlo y además podía pensar que pudiera querer algo con él. Y de momento no era así.
[…]
-¡Chicas! ¡A cenar! -se oyó desde abajo.
Doniya y yo bajamos. Ya estaban sus hermanas, Waliyha y Safaa, sentadas a la mesa picoteando pan. Imité a los demás y me senté. La casa era preciosa. Tenia una especie de toque Turco, especial. Sé que no son de Turquía, el Yaser y su familia eran de Paquistán pero Tricia y la suya de Inglaterra... Nunca había ido a Paquistán, pero a Turquía sí. Y la casa parecía de allí. Supongo que serían del mismo estilo.
-¡Ya he llegado, familia! -se oyó una puerta cerrarse y a alguien moviendo unas llaves.
-¡Hola! -respondieron todos.
¿Por qué me sonaba aquella voz? ¿Acaso la había oído alguna otra vez? Era raro, me sonaba mucho. Era una voz peculiar, pero no sabía a quien me recordaba.
-Buenas noches -dijo entrando por la puerta -¿Tú? -me miró extrañado.
-¡Tú!
-¿Beatriz? -volvió a preguntar.
Me miraba sin saber que decir. Nadie hablaba. Los demás no se, pero yo... Estaba atónita. Era aquel chico del avión. 'El chico Vans', también conocido como Zayn.
Se sentó en la mesa, al lado de su hermana Waliyha.
-¿Chico Vans? -pregunte esta vez yo. Oí que una de sus hermanas reía y dijo "Buen mote".
-Me llamo Zayn. Ya te lo dije antes.
-Primero, te llamas Zain, que a ti te guste el otro nombre para ligar es otra cosa -dijo Yasser, me sonroje ante aquel comentario... -Y segundo, ¿os conocéis?
-Lo que tu digas papá.
-Sí, nos conocemos -respondí, ya que veía que no iba a contestar -Nos conocimos en el avión.
-Ah, claro, veníais en el mismo vuelo.
Asentí y seguí comiendo. Pensé que la comida me sería un problema. Pero no esta siendo así. Me alegré, porque estaba acostumbrada a comer bien.
Durante la comida sacaron más temas de conversación, todos hablábamos, menos ¿Zayn? ¿Cómo debía llamar a aquel chico? Bueno, para mi era el Chico Vans. Y era el único que no volvió a hablar en toda la noche.
Al terminar de cenar, todos fuimos al salón. Estuvimos viendo una película que echaban en la tele. Cuando terminó subimos cada uno a su respectiva habitación. Todos menos aquel chico con el que compartiría habitación. Él subió antes de que la película empezara, es decir al terminar de cenar.
Cuando subí estaba tumbado en la cama llevaba un auricular puesto, tenía los ojos cerrados. Intente no hacer ruido por si estaba dormido, no molestarle. Cogí las cosas necesarias para dormir y me metí en el aseo a cambiarme.
Cuando terminé salí, deje las cosas en una silla que había cerca de mi cama y me metí en la cama para dormir.
-Buenas noches Chico Vans -susurre.
-Buenas noches enana.
Sonreí tontamente. ¿Qué me pasaba? Yo no sentía nada por aquel chico, ¿o sí? Quien sabe. Nunca había caído enamorada, así que no sabía como se sentía uno al estarlo.
[…]
Dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte. Y pum, un mini saltito. Ya estaba abajo del todo. Que sueño tenía... ¿Qué hora era? Fui hacia la cocina. No había visto a nadie en la casa, menos Zayn, que seguía dormido. Aunque tampoco quería investigar por sí despertaba a alguien.
Empece a buscar por toda la cocina. Para encontrar algo de desayuno. «Anda mira. Un reloj» pensé. Lo mire. ¿Las diez? ¿Enserio eran las diez? Que pronto amanecía aquí. Parecía casi medio día. Pero no siquiera sabía que hora era exactamente.
Abrí el frigorífico en busca de algo de leche. Y bingo. Allí estaba, un cartón de leche. Lo cogí y eche leche en la taza que había cogido. Volví a abrir el frigorífico, esta vez para dejar la leche. Y ahora la próxima misión, ¿buscar algo de fruta? Esto más que intentar desayunar, parece que este entiéndanlo pasar un nivel de algún videojuego.
Reí sobre mi misma. Aquello era inútil.
-Tú...
-¡Yo! -conteste dándome la vuelta y mirando al moreno de ojos café.
-Pensé que lo de ayer era un sueño... -dijo mientras rascaba su cabeza.
-Pues supongo que por desgracia para ti, no lo ha sido.
-¿Desgracia? Estas de broma, enana. Ahora sí que me van a dejar salir por ahí.
-¿No te dejaban antes?
-Sí, pero ahora tengo buena excusa.
-Me vas a usar como rehén. Ya te vale.
-Bueno, nos divertiremos, ya lo veras.
No respondí. Este chico era diferente. En mi instituto no se comportaban así. Y ha dicho 'nos'. ¿Acaso hay un nosotros? Y lo que era peor. ¿Por qué me gustaba esa idea? ¿Y por qué dejaba que me llamara 'enana'? Nunca había dejado ha nadie que lo hiciera.
-¿Qué quieres desayunar?
-¿Tienes cereales?
-Creo que sí. Espera que los encuentre -busco por varios armarios. Seguro que estaba tan perdido como yo. Reí inconscientemente -¿de qué te ríes?
-De que estas tan perdido como yo. Sólo que en tu propia casa.
-Ya -rió. -Mi madre dice "Parece que vives como si fueras un invitado. Sólo sabes donde esta tu habitación y el ordenador" -intento imitar la voz, la cual no le salió nada bien.
-Eres tontito -reí.
-Y tu una enanita.
-Deberías estar orgulloso, eres el único al que dejo que me llame 'enana' y tampoco creo que seas mucho mayor que yo.
-¿Cuántos años tienes? -tomo asiento frente a mi mientras echaba cereales en dos bolls.
-Pues quince. ¿Y tú?
-Quince... -respondió tímidamente. Me paso un boll.
-Gracias. Bueno, y ¿de qué mes?
-Enero. Primera quincena de enero -dijo orgulloso.
-Vale, sí eres mayor que yo. Yo soy de febrero.
-Umm, ¿quieres más? -dijo cogiendo la caja de cereales y elevándola.
-No, gracias.
-Pues yo sí.
-¿Qué hora es?
-Las once, creo. No se.
-Todavía es pronto.
-¿Quieres qué salgamos?
-¿Por ahí? -pregunte, él asintió. -Vale.
-Bien. Voy a acabarme esto.
Espere a que terminara y recogí las cosas, poniéndolas en el fregadero.
Aquel chico era diferente. Me sentía a gusto con él cerca. Era simpático, agradable, y educado. A parte de guapo. Cuando estaba con chicos de mi edad no solía estar así de acompañada, a lo bien. Bien acompañada. En España eran diferentes. Bueno, en España no. En mi instituto en sí. Tenía amigos por medio país. Y sólo los que veía durante la semana no eran interesantes. En Madrid son fríos, callados y repipis. Desde qué salí de Málaga no volví a sentir nada por ningún chico. Los andaluces somos más salaos, somos más habladores. Lo que más nos gusta en el mundo es sonreír. Simplemente especiales, pero a lo bueno. Porque malo, tenemos poco. Muy poco.
Escribes super bien, por favor no te tardes tanto en escribir el siguiente capi
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