lunes, 26 de agosto de 2013

CAPITULO 6; Me gusta tu pelo.


Subimos arriba. Seguía pensando que Málaga era lo mejor. No había nada igual. Podría pasarme horas buscando algún otro sitio parecido. Pero se me ocurría Málaga, Málaga capital. Con su castillo su plaza de toros, su puerto, sus casitas blancas... Ese Málaga del que estaba enamorada.

Ya arriba empezamos a prepararnos, Zayn se quedo fuera, en la habitación. Mientras que yo me metí en el baño a cambiarme. Tenía una duda en la cabeza. Y necesitaba consultarla. Bueno, más que una duda, era algo de lo que no sabía como nombrarlo. Haber, me explico. No tenía ni idea de como llamar a aquel chico. ¿Zayn? ¿Zain? Para mi era Chico Vans, pero sabía que no le gustaba.

-¿Cómo debo llamarte? -dijo mi boca mientras mi cuerpo salía del baño, ya arreglado.
-¿Qué?
-Es que no se... Tu padre dice que te llamas 'Zain' tu me dijiste que te llamabas 'Zayn' y para mi eres 'Chico Vans' ¿cómo debo llamarte?
-Como quieras. Pero conseguiré que me quites el apodo de Chico Vans.
-¿Llevando Vans? -mire a sus pies.
-Calla, enana.
-¿Y a ti por qué te ha dado por llamarme así?
-Me gusta ese apodo. Eres a la única que se lo he llamado. Por primera vez, me dirijo a alguien diciendo 'enana'.
-¿A ninguna de tus hermanas la llamas así?
-No, si fuera el mayor sí. Pero como no lo soy...
-Eres mayor de dos de ellas.
-Ya, pero bueno -hizo una pausa como si pensara en algo. -¡Oyee! Esto no vale. Tu conoces a más de la mitad de mi familia y yo no se nada de la tuya.
-Cuando salgamos te cuento.
-Vale -dijo acercándose a un espejo.

[…]

Llevábamos rato hablando y paseando. Había jardines verdes, flores de colores y lo más extraño, un cielo azul. Ya sabía varias cosas sobre mi. Pero yo de él más. Lo que más me molestaba era que cada vez que le miraba y veía esos ojos me daba algo. ¿Pero por qué sentía esto? No lo sabía. Este chico me atraía. Pero no creía que sintiera nada por él. Aunque mi sonrisa pensaba algo diferente...

-¿Entramos? -señaló un bar.
-No, que pagas tu. Ya me lo han echo.
-No llevo dinero.
-¿Entonces pagó yo?
-Sí quieres. Si no, conozco al dueño. Y me debe una.
-A saber por qué.
-Bueno, no me has respondido...
-Que sí tonto. Venga, vamos dentro.

Entramos dentro, un bonito lugar. Lo que más me llamo la atención fue la pared del fondo. La adornaban unas pequeñas banderitas. No de todos los países. Faltaban bastantes, pero había una gran cantidad de ellas.

-¿Te gustan? -oí la voz de aquel chico que me acompañaba y el que había ido a pedir a la barra.
-Sí, -le sonreí -pero faltan algunas.
-Son todos los países que ha visitado el hijo del dueño.
-Wow. Cuantísimos países. -dije asombrada. Allí había banderas de todos los continentes.  Muchísimas banderas de diferentes países adornaban aquella pared que tanto me había llamado la atención. Saque el móvil, hice una foto y se la envíe a mi hermano pequeño, James, acompañada de una frase «Entrar en un local y ver banderas de medio mundo. Esto es lo que se ve en un bar a las afueras de Bradford.»
-¿A quién le has mandado la foto?
-A mi hermano.
-¡Ey! Es verdad. Me habías dicho que me ibas a contar algo de tu familia.
-¿Y el qué te cuento?
-Pues no sé. Cómo se llaman tus padres, cuántos hermanos tienes... No se, algo.
-Haber. Mi madre se llama Elena, Elena Navarro y un día de fiesta conoció a un chico, el cual es mi padre. Éste se llama Brad Patterson. Y ahora mis hermanos. Con el que vivo, que no es mi hermano de sangre pero para mi es como un hermano. Se llama Ian. Y ahora mis hermanos, hermanos. -Me di cuenta de que estaba hablando por hablar, aquel chico no me escuchaba. Sólo me miraba. Le faltaba poco para que se le cayera la baba... Era algo extraño -Zayn...
-¿Sí?
-¿Me estas escuchando?
-Me gustan tus ojos... ¡Qué! ¡Sí! Estabas hablando de tus hermanos.
-Lo has dicho.
-¿El qué?
-Lo de mis ojos.
-No lo he dicho.
-¡Si lo has echo!
-Pero es que son muy bonitos.
-Gracias... Supongo.
-¿Habéis terminado? -pregunto el camarero, entendí que se refería a las bebidas.
-Sí, -contesto Zayn. -Venga vamos Bea. ¿Te importa que te llame Bea?
-Umm, no. ¿Pero no hay qué pagar? -ya estábamos dejando el bar atrás.
-Ya he pagado yo.
-¿Cuándo? Dijiste que no tenías dinero.
-¿A sí? Pues no lo recuerdo.
-Serás mentiroso...
-¿Yo?  No sabes de lo que hablas, enana -intento burlarse.
-¿No me ibas a llamar Bea?
-Queda mejor enana -rió, -bueno, no has terminado de contarme lo de tus hermanos.
-Pero si te has quedado babeando con mis ojos...

 No respondió a aquel comentario. Estaba de piedra, no sabía que contestar. Se lo tenía ganado, por engañarme. No sabía lo que pensaba su cabeza, pero sí la mía. Aquel chico era diferente, me sentía muy a gusto con él. Y encima le gustaban mis ojos. Unos ojos celestes, bonitos sí, pero comparados con los suyos de un color café claro...

-También me gusta tu pelo. Rizado y de dos colores: por las puntas claro, casi rubio y la raíz morena.
-Hay gente que dice que es teñido... -dije algo desilusionada. Sí, mi pelo era peculiar. En si es castaño, pero la parte inferior tiene unas mechas totalmente naturales de un color rubio. Es una degradación del pelo. Pero es natural...
-Es natural, ¿verdad? -asentí con la cabeza -pues a mi me encanta. Mola un montón.
-Gracias.
-Bueno, me estabas hablando de tus hermanos. Sigue.
-Pues yo soy la mayor de ellos. Luego están mi hermana Samantha, mi hermano James, y el pequeño de todos, Brad.
-Ósea sois cuatro, como mis hermanas y yo.
-Sí, pero no te diría yo que nos quedáramos en estos. Seguro que termina llegando alguno más.
-¿Por qué dices eso?
-Conozco a mis padres.
-Y, ¿tienes fotos de ellos que yo pueda ver?
-¿A qué viene tanto interés con mi familia?
-No se. Quizá si te lo digo te pones a reír.
-Sí, mejor no me lo digas.
-¡Ostras! Es tardísimo. Venga, vamos para casa.

No conteste, sólo le hice caso. Mire la hora en mi reloj. ¿Tan tarde era? La una y media. Empezamos a andar a paso rápido. La verdad es que se nos habían pasado los minutos volando. Habíamos salido de casa a las doce, más o menos. Y ya eran casi las dos.
Recorrimos las calles del barrio, era bastante grande, quizá fueran varios barrios... Zayn iba más delante que yo, constantemente miraba hacia atrás haber si estaba. Se le veía alterado. ¿Qué pasaría si llegábamos tarde? No se a mi, pero quizá a él le restringían alguna cosa. Iba diciendo algo con la boca, pero no se le entendía. Quizá iba pensando en voz alta. La calle por la que íbamos no me sonaba mucho. Vi que se había equivocado. No era esta calle, era una que se veía desde donde estaba yo situada. Pero no era en la que estábamos.

-¡Zayn! No es por aquí.
-¿Qué? ¿Cómo que no es por aquí?
-Es por allí -señale.
-No lo sabes. Por ahí nos perderíamos.
-Pero...
-Sabré yo por dónde es, que vivo aquí desde que era mini -me interrumpió.
-Se que no es por aquí.
-Bien, si tan segura estas, ve tu por allí y yo iré por aquí -asentí aceptando la apuesta. -Te espero en casa.
-Vale. Hasta luego.

Empece a andar en aquella dirección. En la dirección correcta, o eso creía yo. Esperaba que lo fuera, porque si no podría acabar en un lío, o lo que es peor, perdida. Tendría cualidades, pero sin duda, la que mejor se me daba era esa, la orientación. Pero toquemos madera no vaya a pasar algo. Empece a andar con más rapidez, no quería que Zayn llegara antes que yo, y si estaba en lo cierto él llegaría antes. Quisiera llegar antes, para demostrarle que tenía razón. Además, él tenía prisa. No sabía porqué, pero era mejor que acelerara, por si acaso.

Al poco rato llegué. O eso creía.

-Una, dos, tres, cuatro y cinco. Sí, es esta.

¡Bien! Lo conseguí. Zayn todavía no había llegado, o yo no le había visto. Espere un rato, me aposté varias cosas a mi misma de que se había perdido o de que había dado la vuelta. No le había visto en un buen rato. O quizá a mi me había parecido mucho...¿Quién sabe? Todo podía a ocurrir.

-Hola Bea.
-Anda, hola Yaseer.
-¿Y Zain?
-Pues, si le digo la verdad, no lo se. Hola chicas -salude a las demás.
-Zain puede estar metido en cualquier sitio, ¿a qué sí mamá?
-Sí, cariño. Venga, vayamos dentro, ya vendrá más tarde.

Ayude a poner la mesa para comer. No había visto a Zayn desde aquel cruce en la esquina. Desde aquel «Hasta luego, te veo en casa». Subí arriba para cambiarme. Para ponerme otra ropa más cómoda mientras estaba allí en casa. Al subir me sorprendí, allí estaba él. Tumbado en la cama como si nada. ¿Cómo era eso posible?

-Hola, enana.
-Hola... Esto, la comida ya esta casi lista, y ¡¿cómo has llegado hasta aquí?! -pregunte realmente sorprendida.
-Pues eso, que por donde tú decías no era. Llegue antes que tú.
-Mentira. ¿Cómo entraste en casa? Dime la verdad.
-Esta bien. Te vi sentada en el césped delantero y no me gusta perder ante chicas, y menos chicas como tú. Así que, lo que hice fue entrar por detrás haciendo el mínimo ruido y volví a cerrar cómo si no estuviera en casa.
-¿Cómo que chicas como yo? -pregunte, no le había entendido del todo.
-Pues eso, chicas diferentes. Tu eres diferente a las demás, y me gusta esa forma de ser.

Me sonroje sobre aquel comentario no me lo esperaba, sinceramente. Sonreí para mi misma y luego volví a dirigirme a él:

-Bajemos, será lo mejor.

Bajamos abajo, se me hacia más corto el camino de vuelta que él de ida, era extraño. Igualmente, creo que no soy un caso aparte en el mundo.

1 comentario: